Oil & Gas Magazine

Revista de la industria del petróleo y el gas

¿Por qué es un error que Donald Trump hiciera que su gobierno dejara el Acuerdo de París?

Dr. Rafael Alfredo Díaz Real

 

El que Donald Trump haya retirado al Gobierno Federal de los Estados Unidos del acuerdo de París, es un hecho altamente preocupante. Y con ello prácticamente todos los apoyos de su gobierno para organismos internacionales, y de facto una gran parte de la investigación y desarrollo hecha por las agencias federales de EEUU en ese tema. La retirada del Gobierno de los Estados Unidos de un compromiso compartido para proteger nuestro planeta conlleva perturbadoras repercusiones. Y digo del Gobierno, porque ni una mayoría de sus ciudadanos, ni las ciudades, ni las universidades y sus centros de investigación, ni muchos centros de investigación privados, e increíblemente muchas grandes corporaciones, incluidas aquellas del sector energía se retiran, sino que en muchos casos reiteran y ratifican su compromiso.

Recordemos que EEUU en realidad no tiene amigos, tiene intereses[1]. Esto nos lleva a pensar que quienes controlen la Casa Blanca y el Congreso obedecen más a sus propios intereses que a los del resto del mundo. Sin embargo, en lo individual, muchos de ellos, sí tienen intereses en el resto del mundo. De ahí que se vuelva una lucha de poderes.

Las opiniones de EEUU sobre el papel del país a nivel mundial también son importantes. H.R. McMaster y Gary Cohn, los asesores de Donald Trump en materia de seguridad y de economía, recientemente escribieron que: “El presidente se embarcó en su primer viaje al extranjero con una clara visión de que el mundo no es una ‘comunidad global’ sino una arena donde las naciones, las figuras no gubernamentales y las empresas se enfrentan y compiten por obtener la ventaja. Nosotros traemos a este foro una fortaleza militar, política, económica, cultural y moral inigualable. En vez de negar esta naturaleza elemental de los asuntos internacionales, la acogemos”. Debemos recordar que estos individuos son los “adultos” en la Casa Blanca. El Presidente de EEUU busca rodearse de gente que piense como él y por tanto le aconseje sobre la misma línea de pensamiento; ha sido muy raro quien acepta tener un “consejo” de asesores diverso en pensamiento económico, que aporte las diferentes visiones de la misma sociedad estadounidense.

EEUU abandonó esta visión del siglo XIX de las relaciones internacionales después de que terminara tan catastróficamente en el siglo XX. En su lugar surgieron las ideas, embebidas en las instituciones que creó y en las alianzas que formó, que afirman que los valores son tan importantes como los intereses, y que las responsabilidades son tan importantes como los beneficios. Ante todo, la tierra no es sólo una arena, es nuestra casa compartida. No pertenece a una sola nación, ni siquiera a una tan poderosa. Cuidar el planeta es responsabilidad moral de todos. La hostilidad hacia la ciencia y una estrecha visión de los intereses sentaron las bases para el rechazo del Acuerdo de París por parte de Trump. Pero su discurso también fue una característica mezcla de falsedad y de resentimiento.

Así, Donald Trump declaró que “a partir de hoy, EEUU cesará toda la implementación del Acuerdo de París, no vinculante, y las cargas financieras y económicas draconianas que el acuerdo impone a nuestro país”. Sin embargo, un acuerdo “no vinculante” difícilmente puede imponer cargas financieras y económicas draconianas. De hecho, el punto del acuerdo era que cada país presentara su “prevista contribución nacionalmente determinada”. El mecanismo subyacente del Acuerdo de París era la ‘presión de grupo’, encaminada a lograr un objetivo compartido, por tanto, no existe coacción alguna.

Donald Trump también argumentó que el acuerdo tendría poco efecto sobre el clima. En su actual forma, eso es cierto. La razón principal es que los participantes significativos — incluyendo a EEUU — no acordaron hacer nada más. Argumentar contra la adhesión a un acuerdo porque es ineficaz, cuando la obstinación de su propio país ayudó a que así fuera, es absurdo.

En la reunión del G-8 Donald Trump afirmó que: “No queremos que otros líderes y que otros países se vuelvan a reír de nosotros. Y no lo harán. No lo harán”. Realmente nadie entiende a qué se refería. Las contribuciones principalmente científicas y económicas han hecho posible que, cooperando internacionalmente, se encuentren soluciones sustentables a muchos problemas de emisiones a la atmósfera, entre ellas aquellas donde se definieron los efectos de dichas emisiones sobre el ozono[2].  EEUU es el segundo mayor emisor mundial de dióxido de carbono y sus emisiones son un 50 por ciento mayores que las de la Unión Europea (UE) y sus emisiones per cápita son el doble de las de ese bloque o de las de Japón. Por lo que lejos de ser explotado por otros, como lo insinúa Trump, EEUU produce emisiones de manera exorbitante y por tanto es parte una parte del problema, lo cual hace que deba ser una parte clave en la solución. Si bien es cierto que la cooperación estadounidense no es una condición suficiente para la gestión de los riesgos climáticos, es de facto necesaria, y su bagaje científico ha sido de gran apoyo en el desarrollo de soluciones energéticas sustentables. Si bien la invitación a científicos estadounidenses por parte del Presidente Francés, Emmanuel Macron, no vaciará a EEUU de científicos y estudiosos del medio ambiente, si se puede pensar un gran número de peticiones de años sabáticos, o permisos multianuales, para ir a desarrollar su actividad profesional de investigación sobre el medio ambiente en otros países, si bien enriqueciendo el conocimiento mundial, también restándole presencia al medio científico estadounidense institucionalmente.

 

Consideremos que, desafortunadamente, la negación del calentamiento global  y el cambio climático causado por actividades humanas es un artículo de fe para un sinnúmero de republicanos, entre otras cosas porque afecta sus intereses económicos en industrias que si bien podrían beneficiarse de nuevas tecnologías para ser más sustentables, no lo hacen por requerir una gran inversión que haría que sus ganancias a corto plazo mermaran; simplemente un tema económico, pero de alto grado de egoísmo: la hostilidad de Donald Trump hacia actuar en pro de una solución no es idiosincrasia, ha sido objeto de una historia donde el quehacer científico no ha tenido gran injerencia.

Dado que el acuerdo se basa en compromisos nacionales, el camino sensato para EEUU hubiera sido permanecer en el proceso y presionar para implementar planes mucho más ambiciosos en general. EEUU hubiera podido unir sus esfuerzos a lo que otros, particularmente China, estaban dispuestos a lograr. Sin embargo, ahora, fuera del marco, no logrará nada parecido, los esfuerzos individuales de ciudades, y organizaciones no serán tan efectivos como lo serían con la coordinación del Gobierno Federal.

Por otro lado, los mismos líderes del G-8, y ahora los del G-20 y el resto de los países miembros del Tratado de París insisten: No existe una posibilidad real de negociar otro marco, si bien los compromisos debieran evolucionar, el marco no lo hará. Sólo está el punto de comprometerse o no, y el no hacerlo, en todo caso causa una alienación de parte de quienes “voluntariamente” se hagan a un lado.

En la década de 1920, EEUU repudió la Sociedad de Naciones (SDN), también conocida como la Liga de las Naciones, lo que llevó al colapso del acuerdo europeo posterior a la Primera Guerra Mundial. Actualmente, se está retirando de un compromiso compartido para proteger nuestro planeta y las repercusiones son inquietantes. Es cierto que 12 estados — los cuales generan más de un tercio del producto interno bruto (PIB) de EEUU — y 187 ciudades estadounidenses se han comprometido a reducir sus emisiones para 2025 en un 26-28 por ciento por debajo de los niveles de 2005, como se había prometido bajo la administración de Barack Obama. Sin embargo, aunque sea deseable, eso no puede reemplazar un compromiso por parte de EEUU, tal y como lo argumenta el exsecretario del Tesoro, Hank Paulson.

Una de las causas por las cuales el Gobierno de EEUU tomó dicha decisión, se refiere a los empleos perdidos en industrias energéticas como el carbón y el petróleo. Eso en realidad es una falacia. La Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA) publicó su Revisión Anual 2016 de empleo en relación con la energía renovable a nivel global[3]. IRENA estima que la cifra de empleo provista por la energía renovable aumentó un 5% en 2015, alcanzando los 8.1 millones de personas. Además, en el mismo periodo, la energía hidráulica ganó otros 1.3 millones de empleos directos. Los mercados de energía renovable y el empleo son moldeados por marcos políticos favorables en varios países, lo que ha traído mayor productividad laboral. Los marcos normativos propicios son un motor clave del empleo en este sector. Según IRENA, solamente en EU el empleo en energías verdes aumentó un 6%, mientras que en energías convencionales se redujo un 18%.

Otros datos aportados por IRENA:

  • China, Brasil, EU, India y Alemania son los países con mayor número de trabajos en energías renovables.
  • La energía solar fue el tipo de energía renovable que contribuyó con más empleos, creciendo un 11%.
  • La energía eólica registró un crecimiento récord, por lo que el crecimiento del empleo alcanzó los 1.1 millones a nivel global.

 

La Revisión Anual de la IRENA menciona el aumento de las energías renovables en los mercados asiáticos y europeos; esto también impulsado por las nuevas políticas medioambientales y el declive en los precios de las tecnologías verdes. El aumento de la demanda en los mercados asiáticos creó oportunidades de empleo en el segmento de instalación y fomentó la fabricación de equipos domésticos en algunos países. La producción de equipos solares fotovoltaicos, en particular, continuó concentrándose en centros de fabricación como China y Japón como respuesta a la creciente demanda.

Si bien el crecimiento del empleo se desaceleró en comparación con años anteriores, el número total de puestos de trabajo en energías renovables en todo el mundo siguió aumentando; en contraste con los puestos de trabajo en el sector energético convencional. En los Estados Unidos, por ejemplo, los empleos de energía renovable aumentaron en torno al 6%, mientras que el empleo en la extracción de petróleo y gas (y las actividades de apoyo) se contrajo un 18%. En China, la energía renovable empleó alrededor de 3.5 millones de personas, superando los 2.6 millones empleados en el sector de petróleo y gas del país.

A todo esto, si parece ser ahora más negocio el invertir en energías renovables -sin considerar el beneficio al planeta-, y si el no hacerlo le quita empleos a sus conciudadanos, ¿no se entiende ese punto a nivel del gobierno federal de los EEUU?

 

[1]  Afirmó John Foster Dulles, secretario de Estado de Dwight Eisenhower en los años 50

[2] Mario Molina fue correceptor junto con Paul J. Crutzen y F. Sherwood Rowland del Premio Nobel de Química de 1995 por su papel para la dilucidación de la amenaza a la capa de ozono de la Tierra por parte de los gases clorofluorocarbonos (CFC), convirtiéndose en el primer ciudadano mexicano en recibir el Premio Nobel de Química.

[3] http://www.iluminet.com/energias-renovables-empleos/

 

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